Padre Juan Cerrato, capellán del Pasteur: “Al empezar la universidad me aparté de Dios, pero cada vez me sentía más solo”

¿De pequeño ya querías ser sacerdote o había alguna profesión que te atrajera más?

De pequeño quería ser como los broker de las grandes Bolsas y vivir en Nueva York. Al igual que lo veía en la televisión (sobre todo en una serie que ha marcado mi adolescencia, Friends) me apetecía residir en esa gran ciudad y trabajar en la Bolsa, compra-vende… [ríe].

 

Entonces… ¿encaminaste tus pasos por ahí?

Empecé a estudiar Administración y Dirección de Empresas, pero el Señor tenía otro camino para mí.

 

¿Tú ya conocías al Señor cuando eras niño?

Me crié en una familia donde aprendí desde pequeño a vivir la fe y estudié también en un colegio religioso. Sin embargo, al comenzar la universidad, me aparté de Dios y empecé a vivir “la vida loca”, como cantaba Ricky Martin [risas]. Iba a muchas fiestas con muchos “amigos”. Pero cada vez me sentía más sólo.

 

¿Qué pasó para que todo cambiara?

Un día me di cuenta de que así no podía seguir. Después de estar mucho tiempo sin confesar, un buen amigo me invitó a la iglesia. Allí experimenté, a través del Sacramento de la Confesión, la Misericordia de Dios. La misma que el Papa Francisco lleva todo el año experimentando.

 

¡Menudo giro! ¿Cómo afectó esto a tu vida?

Volví a ir a la iglesia y me centré en los estudios. Cuando tenía 21 años, en mayo de 2003, el Papa Juan Pablo II vino a España para canonizar a cuatro grandes santos españoles. En la Vigilia de los Jóvenes escuché la voz de Dios a través de San Juan Pablo II: “Si sientes la voz de Dios que te dice ‘sígueme’ no la acalles, no la acalles”. Y eso hice. El 29 de septiembre de ese mismo año estaba entrando en el seminario.

 

¡Impresionante! ¿Cuánto tiempo hace ya que eres sacerdote?

De sacerdote llevo seis años y no me arrepiento de seguir cada día al Señor. Soy inmensamente feliz, con las luchas de cada día, como todo el mundo, pero siento cómo Dios me va cuidando y guiando. Lo hacía en mis años de sacerdocio en Villaviciosa de Odón y ahora también aquí, en Arroyomolinos.

 

¿Cómo acabaste siendo miembro del Colegio Pasteur?

Cuando mi obispo me dijo que me enviaba a un colegio sentí un poco de vértigo. ¡Volver al colegio! [ríe]. Pero, en mi vida, siempre que he confiado en los planes de Dios me ha ido bien. Con esa ilusión comencé este camino en el cual yo creo que he aprendido más de los profesores y de los chicos que ellos de mí. Es un regalo llevar al Señor hasta las aulas.

 

Entonces… ¿te gusta lo que haces, verdad?

Me encanta el trato con las personas: jóvenes, niños, adultos, mayores… Cada uno de nosotros somos un regalo que tenemos que descubrir. Hoy en día quizá el mayor reto son los jóvenes porque no quieren saber nada de Dios. ¡Me veo tan reflejado a veces en ellos! Por eso les intento transmitir lo que ha cambiado mi vida, la ALEGRÍA de Cristo. De hecho, mi lema sacerdotal es SERVIDOR DE VUESTRA ALEGRÍA.

 

¿A qué santo le pides ayuda más a menudo?

El santo que más me ha marcado es San Francisco de Sales y un libro concreto, En las fuentes de la Alegría. San Francisco fue siempre dócil a la Iglesia, gran Obispo y, sobre todo, se lo conoce como el Apóstol de la Dulzura. Quiero que mi vida sea eso: llevar el amor Dios, su alegría. Unido a este gran santo hay un Papa que también ha dejado huella en mí: Benedicto XVI. ¡Sus textos son tan profundos y tan sencillos de comprender al mismo tiempo! El lema sacerdotal del que hablaba antes lo tomé de San Francisco de Sales y del Papa Benedicto. Este tiene una hermosa homilía de cómo el sacerdote tiene que ser servidor de la alegría de Dios.

 

¿Cómo te podemos ayudar todos los miembros de la Familia Pasteur en tu labor?

Desde el Colegio me podéis ayudar como lo habéis hecho hasta ahora: siendo vosotros mismos. Añadiría que no tengáis miedo de abrir a Cristo vuestra vida. Solo os pido lo que dice el Evangelio: “Ven y verás”.

 

Ayúdanos tú ahora a nosotros. Danos un consejo para terminar esta entrevista…

 

Hay una frase de Benedicto XVI que me ha marcado y repito muy a menudo: “Quien deja entrar a Cristo en su vida no pierde nada, absolutamente nada, de lo que hace a la vida libre, bella y grande. Él no quita nada y lo da todo”. Que Dios os bendiga a todos.

El Colegio Pasteur ofrece una misa por todos los difuntos de su comunidad educativa

En el Colegio Pasteur se le da un grandísimo valor a la oración. Por este motivo, el pasado miércoles 11 de noviembre por la tarde se celebró una misa en la que familiares, alumnos y profesores rezamos por todos los seres queridos que ya no están entre nosotros. De este modo, tanto al inicio de la misa como en el momento indicado de la liturgia, se nombró uno por uno a todos los difuntos que habían sido incluidos en una lista abierta por todos los miembros de la gran familia del Pasteur.

El capellán del Colegio y párroco de Arroyomolinos, Don Fernando, habló a la comunidad acerca de la vida, la muerte y la santidad. Aunque el mundo en el que vivimos defienda que la muerte es la meta del ser humano, los cristianos atesoran el don divino de la fe. El hombre está llamado a ser santo. 

La misa fue concelebrada por Don Juan, nuevo componente de nuestro equipo de Pastoral y sacerdote coadjutor de la Parroquia de la Asunción de Nuestra Señora. Este curso, el padre Juan será el encargado de la orientación espiritual de los alumnos de la ESO (próximamente publicaremos en la web del Pasteur una entrevista con él para que todos tengáis la oportunidad de conocerlo mejor).

Como en cada una de las ceremonias religiosas que tienen lugar en el Centro, los alumnos del Coro aportaron mayor profundidad a la misa con sus cantos. En esta ocasión, todos nos alegramos al presenciar la incorporación de cuatro alumnas de la extraescolar de Guitarra a la citada formación: Alba Elez, de 6º de Primaria; y Belén Gómez, Andrea Herrero y Aldara Vega, de 5º de Primaria. Desde aquí les damos nuestra más sincera enhorabuena a las cuatro.